Las fosas de la vergüenza son los enclaves del olvido, de la ignominia y el estupor. La perpetración de la violenta infamia. Abrirlas, descubrirlas tras décadas de silencio, permite cerrarlas, dignificar el espacio, ofrecerles el debido respeto a las víctimas y sanar en parte el dolor de los familiares. Y no solo de ellos y ellas, también de la sociedad que, democrática, no puede caminar sobre una historia oculta.