Deber de memoria. Una sociedad interpelada que elude la responsabilidad durante décadas, sumiendo a las víctimas en una doble ofensa.
Las familias resisten y se niegan a aceptar el olvido. Aprenden y sufren el trauma desde la intimidad familiar. Durante la dictadura, incluso desde la prohibición, desde el acatamiento impuesto.
Las décadas y la falta de implicación política cronifican la estigmatización, y el ritual del recuerdo es un murmullo. Los objetos que los unen a sus parientes son un secreto. La dimensión pública llega tarde y la institucionalización arranca con altibajos.